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lunes, 26 de septiembre de 2011

Solitudine.

Indudablemente, este embarcadero no se hizo ni para el transporte público ni para los habitantes de la isla. Supongo que el día que se llene de barcos, habrá fiesta en Torcello. Tal vez la soledad del sitio sugiera incertidumbre. En el dibujo es tangible.

viernes, 16 de septiembre de 2011

Escenario.


Güelfos, gibelinos, papas y Viterbo en el siglo XIII. El escenario ideal para una novela de intrigas, y no menos para una acuarela.

jueves, 15 de septiembre de 2011

Caffè ristretto.


No deja de resultarme curioso que se pueda asociar la vista a un olor o a un gusto, antes y mejor que a un sonido o a algo que se pueda tocar. Este lugar no puede dejar de evocarme un buen caffè ristretto, como no recuerdo haber tomado ningún otro café.

miércoles, 14 de septiembre de 2011

Supervivientes.


Posiblemente, la mayoría de las casa del centro histórico de Viterbo conocieron los desastres de la Segunda Guerra Mundial.
Posiblemente hayan conocido otras muchas guerras a lo largo de los últimos milenios.
Posiblemente se levanten sobre los restos y con los restos de las otras muchas casas que estuvieron allí antes que ellas.
Posiblemente aún desafíen la verticalidad, más por cansadas que por viejas.
Y posiblemente la mayoría sigan ahí mientras pueda existir la vida tranquila, mientras la economía dé para algún remiendo y mientras no llegue algún iluminado del rejuvenecimiento que nos arruine la posibilidad de imaginar historias.
Posiblemente.

jueves, 8 de septiembre de 2011

El símbolo perdido.

Muy poco queda del primitivo baptisterio de la basílica monumental de Santa Maria Assunta, a la que me refería hace poco hablando de Torcello. Como era habitual en los templos paleocristianos, el recinto se encuentra justo a los pies de la basílica, a la que servía de entrada para simbolizar que había que empezar por el bautismo para llegar hasta Dios. No creo que sea simbólico, pero hoy día se puede constatar que a los templos monumentales se suele entrar por la taquilla.

martes, 6 de septiembre de 2011

Río de la Miel.


El Río de la Miel se pierde entre las alcantarillas de Algeciras antes de llegar al mar. Sin embargo, aún ofrece a la vista y a la imaginación algún tramo de su breve curso que sin duda hubiera sido el gusto de los viajeros románticos del siglo XIX, por el origen árabe de su nombre y por su puente medieval, por su sugestiva cascada, por las ruinas de algún molino de agua y por la leyenda de haber sido camino de bandoleros y contrabandistas. Sus orillas son hoy día una ruta senderista, en la que la naturaleza sigue siendo tan amable y agradable, como lo es en tantos otros lugares de este sur inmerecido.
Recuerdo gratamente que la acuarelita —no más que un folio, como es costumbre en quien suscribe— es de esas en las que uno pierde la noción de estar trabajando sobre la superficie de un papel, para adentrarse en su superficie con el tacto de la imaginación. De esas en las que te sientes un auténtico gladiador del pincel, sobre todo en esa última hora de lucha contra los medios, en la que todo pasa definitivamente de la segunda dimensión a la tercera, y de la tercera a la cuarta para quien lo vivió.
Las demás cosa que me evoca, son otras historias.

domingo, 4 de septiembre de 2011

Lápiz.


De vez en cuando es necesario liberar el lápiz para que haga lo que quiera, aunque no se entienda lo que quiso decir.

viernes, 2 de septiembre de 2011

Septiembre.


Este otoño prematuro que riega en estos días el suroeste de la península, me ha traído a la mente —y al blog—, esta acuarela de los árboles del Parque de María Luisa que, a pesar de ser antigua, aún me huele a tierra mojada.
Sin dudas volverán las oscuras golondrinas, sí. Pero antes volverán la lluvia, el frío y el viento. Volverán el abrigo, la bufanda, los guantes, las botas y el sombrero. Volverán las grietas en las manos, las toallas húmedas y las sábanas frías. Y volverá Navidad, Fin de Año y Reyes Magos, sí, pero antes regresarán los días sin salir, las noches tan tempranas y las tardes de mesa camilla.
Definitivamente soy de sur y de sol, y ya miro al cielo con la esperanza de ver volver esas oscuras golondrinas, cuando todavía no se han ido.