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lunes, 31 de diciembre de 2012

Tejados.

Tejados de Montemayor, de la campiña cordobesa.
Que resguardan de lo que viene del cielo y de la tierra.
Para no parar en agosto, aunque sea diciembre.
Tejados nuevos y viejos, de un año que termina.

lunes, 27 de agosto de 2012

Peces.


Peces, peces, peces… peces en blanco y negro.
Peces con sintaxis y semántica: con sintaxis compositiva y semántica estiva.
Peces con pedigrí, con nombre latino y apellido gastronómico.
Peces, posiblemente, con faltas de ortografía, pero peces, a fin de cuentas.
Peces míos.

P.S.: 29,5 x 20 cm, de carbón casi puro.

martes, 31 de julio de 2012

Oromana y el molino de San Juan.


La luz tamizada del Guadaíra, a su paso por el parque de Oromana, convierte cada paseo en una experiencia singular en cualquier estación del año. A esto se suma la extraña sensación que emana de esos sitios históricos donde apenas hay nada que estuviera ayer, pero donde permanece dispersa en el ambiente la huella de los que transitaron por esa misma tierra, incluso desde antes de que la Historia tuviera pluma y testigos. Y para apuntalar esa leyenda difusa y particular, ahí subsisten de hito en hito los muchos molinos de Alcalá de Guadaíra, en los que nunca he podido dejar de ver algo inquietante.
Acierto a distinguir algún parecido entre esta inquietud y el dibujo al carboncillo, sobre dodo cuando se extiende la gama desde el negro del carbón prensado al blanco del papel. Pero como uno procura perderse de vez en cuando en los misterios de la composición, ahí me apareció de repente un tetraedro regular, para consumir mis inquietudes. Os dejo a vosotros el simbolismo interpretativo y el descifrado compositivo.

viernes, 29 de junio de 2012

Dibujo en movimiento II.

…es decir una buena dosis de retentiva, algunos conocimiento sobre las proporciones del cuerpo humano, y unas cuantas sugerencias.

lunes, 28 de mayo de 2012

Passeggiata a Venezia.


Entre un montón de cosas en curso y otras tantas por hacer, con la espalda dolorida y la alergia en flor, he vuelto a ir a Venecia, a ratitos, porque desde Sevilla a Venecia sólo se tarda el tiempo de empuñar un pincel.
Volví a pasear por San Marco, entre la Basílica, el Palacio Ducal, el Campanile y la Biblioteca Marciana. El Gran Canal desde el Ponte Rialto mantenía intacto el aspecto de los cuadros de Giovanni Antonio, aunque para mi gusto no desmerecen las vistas de San Giorgio Maggiore y La Salute, desde San Zaccaria, o la del cementerio de San Michele con Murano al fondo, desde Fondamenta Nuove.
Me pude recrear de nuevo en los grandes palacios, Ca’ d’Oro, Ca’ Foscari, Ca’Rezzonico, Ca’ Dario, Contarini, Dolfin y Barbaro. Me perdí por los pasillos del Museo Correr y por los de la Accademia.
Entre otros muchos, por allí estaban con sus faenas el viejo Vittore, Giorgio, Tiziano y Jacopo, a quien visité en su taller. A Paolo y a Giambattista los vi de lejos. No fue fácil hablar con los dos Antonio, el escultor y el músico. Algunos estaban de paso, pero tuve la suerte de encontrarme con Joseph y con George. A Camille y a Claude se les reconocía desde lejos por todo lo que llevaban encima. Johann seguía siendo asiduo del Caffè Florian, y John seguía frecuentando el bar Harri’s, después de hacer corros entre los turistas. Saludé a Charles y a su familia, tras visitar el nuevo ático de Giacomo, que me pareció increíble. A Hugo lo encontré más joven que nunca, aunque no menos que a Mariano que, cómo no, sigue dedicándose a hacer patria.
Pero al cruzar un puente mi vista cansada se enganchó en esta puerta, aún más cansada, y por eso no se ve en mi acuarela ninguno de esos lugares mágicos, ni a ninguno de mis amigos y conocidos.
…¿O sí?.

domingo, 8 de abril de 2012

Acqua alta.

…así que esta semana —Santa— he vuelto a Venecia, con la imaginación, para recrearme en una de esas visiones que tanto y tan bien se prestan al agua de una acuarela. Y en mi recreación no he tenido más remedio que traer al gusto de mi memoria el encanto de los lugares que se mueren lenta y eternamente, deteniendo el tiempo en el instante en que se perciben las cosas, para que uno las encierre en el tiempo que se tarda en hacer algo que recuerde a alguien que esos lugares aún existen. Y sintiéndome en el tiempo y en el lugar, he visto de nuevo y con la misma curiosidad, la peculiar particularidad del acqua alta, que por estas fechas distrae a naturales y visitantes, aunque a cada uno de una manera. Se experimenta entonces que contra este fenómeno natural sólo hay dos recursos: tabicar hasta donde llame el juicio —como es el caso—, o permitir que el agua ocupe temporalmente su lugar natural, como en aquella librería —la de Luigi Frizzo— a la que el prodigio le presta el nombre.
Ciertamente, Venecia es Venecia.

domingo, 25 de marzo de 2012

Reflexión gráfica VII


Si el árbol no crece más rápido que tú, ya vendrá alguien a subirte la rama.

domingo, 12 de febrero de 2012

Reflexión gráfica VI.


Elevando a la categoría de arte el toreo de salón, a algunos habría que darles las dos orejas y el rabo.

martes, 7 de febrero de 2012

El espíritu trasteverino.


Dice Roger Fry, en “Visión y diseño” —“Renoir”, 1920—, que "a todo artista le motiva algún tipo particular de escena de la naturaleza, y la mayor parte de los artistas tienen que buscar algún aspecto poco corriente o desconocido de las cosas. […] Aunque pinten en sitios vulgares de los alrededores, en general se las ingenian para captarlos desde un ángulo inesperado". Tal vez a eso se deba el hecho de que sea fácil encontrar motivos en el Trastevere, aun cuando apenas haya ni ángulos ni espacios, a ojos normales.
Resulta paradójico que a un barrio tan singular lo esté matando el turismo y sus consecuencias, al tiempo que le da vida y lo mantiene en pie. Es probable que le quede ya poco de genuino, entre restaurantes para extranjeros y tiendas de recuerdos. Posiblemente, el espíritu de Belli o de Trilussa aún se encuentre en algún pequeño negocio o en alguna tasca poco atractiva para el objetivo de una cámara. El romanesco trasteverino, además, tan sólo es accesible a los nativos. A quien pasa por allí sólo le resta buscarle el alma en lo que el tiempo aún no ha removido, y así se la quise ver en esa puerta —a la vista y oculta, en la Piazza della Scala—, que no pedía más que una acuarelita de apenas 10x15 cm.

lunes, 9 de enero de 2012

Reflexión gráfica V.


¿Siglo XXI? ¡ay de quien se descarríe!.