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jueves, 23 de enero de 2014

Peces II.


Peces vivos sin colores.
De mar, de ola, de luna.
Peces vivos de pescadores.
De sal, de puerto, de bendición.
Peces de vivas brasas.
Vivos de puro carbón.

P.S.: 45 x 29 cm.

sábado, 18 de enero de 2014

Transiciones.


En esta ocasión, mi viaje —virtual— a Venecia ha sido a tiro hecho. Entre el año anterior y este en curso (uno), me he ido a lomos de pincel hasta Campo Manin, a interpretar las cosas que me quiso contar esta vieja puerta. Aparte de lo compositivo, donde hubo que hacer obra para mover acá y empujar allá, le quise ver algo de Cezanne al juego de complementarios entre verdes y anaranjados (dos), antes de entrar en los suaves turquesas a través de las asperezas de los ostiones que habitan el zócalo, entre el aire y el agua (tres). Y justo frente a la puerta se levanta, como si todavía la custodiase, la monumental estatua del propietario de la casa, Daniele Manin, a la que le suma monumentalidad el enorme león de San Marco que reposa a sus pies, y que, más allá del santo, hace referencia a la brevísima república homónima que presidió Manin tras el levantamiento contra invasión austríaca, a mediados del siglo XIX. El apellido le viene al personaje de Ludovico Manin, último dux de la Serenissima Repubblica y padrino de bautismo de su abuelo. Y su hijo, Giorgio Manin, formó parte de la spedizione dei Mille, que conquistó el reino de las Dos Sicilias a las órdenes de Garibaldi, y que vino a dar con el tiempo en una Italia más o menos parecida a la de hoy. Así que entre antecesores y sucesores (cuatro), la puerta se entretuvo en describirme a golpes de agua una hermosa pincelada del romanticismo decimonónico, en versión véneta.

¿Qué no es transición?.