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martes, 7 de febrero de 2012

El espíritu trasteverino.


Dice Roger Fry, en “Visión y diseño” —“Renoir”, 1920—, que "a todo artista le motiva algún tipo particular de escena de la naturaleza, y la mayor parte de los artistas tienen que buscar algún aspecto poco corriente o desconocido de las cosas. […] Aunque pinten en sitios vulgares de los alrededores, en general se las ingenian para captarlos desde un ángulo inesperado". Tal vez a eso se deba el hecho de que sea fácil encontrar motivos en el Trastevere, aun cuando apenas haya ni ángulos ni espacios, a ojos normales.
Resulta paradójico que a un barrio tan singular lo esté matando el turismo y sus consecuencias, al tiempo que le da vida y lo mantiene en pie. Es probable que le quede ya poco de genuino, entre restaurantes para extranjeros y tiendas de recuerdos. Posiblemente, el espíritu de Belli o de Trilussa aún se encuentre en algún pequeño negocio o en alguna tasca poco atractiva para el objetivo de una cámara. El romanesco trasteverino, además, tan sólo es accesible a los nativos. A quien pasa por allí sólo le resta buscarle el alma en lo que el tiempo aún no ha removido, y así se la quise ver en esa puerta —a la vista y oculta, en la Piazza della Scala—, que no pedía más que una acuarelita de apenas 10x15 cm.

lunes, 9 de enero de 2012

Reflexión gráfica V.


¿Siglo XXI? ¡ay de quien se descarríe!.

jueves, 29 de diciembre de 2011

Reflexión gráfica IV.


Todo estado de equilibrio requiere al menos un punto de apoyo.

viernes, 23 de diciembre de 2011

Reflexión gráfica III.

Malentendido el libro que en lugar de abrir la cabeza, la aplasta.

jueves, 22 de diciembre de 2011

miércoles, 21 de diciembre de 2011

Reflexión gráfica I.


Todo lo que surge en vertical suele terminar en horizontal.

domingo, 9 de octubre de 2011

El aire húmedo de Roesler Franz.


Seguramente le deba el aspecto de algunas de mis acuarelas a Ettore Roesler Franz (1845‑1907), a quien descubrí en mi primer viaje a Roma, en 1999.
No poco tiempo le dediqué en su momento a estudiar qué le confería a sus acuarelas ese aspecto tan inequívocamente decimonónicas, más allá de sus temas o sus personajes. Aunque actualmente sus colores son imposibles, porque los pigmentos de hoy día no son los de entonces, me hizo ver la importancia de las veladuras a la hora de obtener colores improbables con otras técnicas. Igualmente me hizo descubrir la verosimilitud que a todo le dispensa la presencia de los degradados. Pero quizás lo mejor sea que me hizo ver que la humedad ambiente se puede representar, sin necesidad de poner al fondo una montaña celeste.